Siempre me han gustado los masajes corporales. Me encanta tumbarme  en la camilla y sentir mi cuerpo abandonando a los fascinantes placeres del mejor lugar de masaje gay en barcelona  con unas manos recorriendo tu cuerpo. Relajándolo, tonificándolo…. 

Aquel miércoles, como cada semana acudí a darme mi masaje semanal de me hace mi masajista madura en Barcelona, sin embargo esta vez Verónica, mi masajista de confianza no estaba. En su lugar estaba Dilan, el masajista de la sección masculina dude por unos instantes si acceder a probar con un hombre, ya que siempre había depositado mi confianza en Verónica. Tras unos minutos de divagación, sin meditarlo demasiado accedí. Después de todo… ¿solo es un masaje, no?

Como siempre me acompañaron a la sala de masaje, donde como de forma habitual me desnude, me acomode en la camilla boca abajo  con la toalla y tapándome de cintura hacia abajo.

Al momento escuche abrirse la puerta y es cuando vi a Dilan, un joven latino de tez cobriza, aterciopelada y complexión atlética. ¡Era uno de los hombres más sexualmente atractivos que había visto en toda mi vida! Iba completamente vestido de blanco, con una camiseta ajustada que dejaba ver un pecho ancho y poderoso. Los pantaloncitos cortos dejaban ver unas piernas robustas y musculosas. En la entrepierna se veía el bulto de su paquete que en principio parecía  nada despreciable. Pero lo que más atraía de él era su magnetismo sexual que  desprendía de todo su cuerpo. Sentía como mi pene comenzaba a ponerse erecto por momentos, preparándose para una penetración isofacta.

 Se acercó a la camilla  y con total naturalidad me quitó la toalla dejándome  totalmente desnudo. Sentí un escalofrío de deseo correr por todo mi cuerpo. Comenzó por espalda y cuello, a continuación prosiguió por los muslos; recorriéndolos de abajo arriba y de arriba abajo. Yo no paraba de pensar en su miembro y como iba frotándolo a mi cuerpo desnudo.

De repente Dilan me preguntó si todo iba bien, ya que se  había  percatado de que había un charco de líquido pre seminal en la toalla de la camilla…  a lo que yo le respondí que jamás había sentido una estimulación sexual  tan increíble proveniente de un masaje por parte de un hombre…  y es que Dilan era un masajista gay especialista  en  sexo tántrico…

 Después de  aquella vez ocurrieron muchísimas más, me pareció tan increíble que sentía la necesidad de acudir de manera asidua al local…. ¡Sus masajes eran adictivos para mi! Y de alguna forma y también sentía que él lo deseaba  y es por eso que aunque Dilan se mudara  a Madrid, también decidí realizar algún que otro viaje  al centro de masajes de mi masajista gay en Madrid para poder sentir sus increíbles manos acariciando la totalidad de mi cuerpo.

Todos hemos sentido en algún momento de nuestras vidas la necesidad de ser acariciados de forma especial  y sentir el placer de ser mimado por unas horas ¿y porque no acabar en final feliz? Normalmente existes bastantes tabús a la hora de hablar de estos temas, pero es necesario comentar lo increíble que es!